Cementerio de los Mártires, Paracuellos de Jarama

Vengo de visitar siete fosas comunes que datan de la mitad de aquella España olvidada que molesta y mucho a la revanchista Ley de Memoria Histórica. Vengo de conocer por primera vez el suelo que fue testigo de 2500 asesinatos. Estaba solo y aunque pensaba que me echaría la hora de cierre, las 14:00, un poco antes me invitó a salir la lluvia. Un jardinero, un trabajador y tres perros preciosos, guardianes a la vez que cariñosos, que parecían perfectamente conocer la tierra que pisaban. A lo que no vengo ahora es a abrir heridas, la actitud de cualquiera de aquellos dos bandos muy alejados de la democracia es bastante más plausible que la que viven algunos actualmente, empeñados en sentirse perdedores de una guerra que ni sufrieron ni lucharon. España es país de abuelos en cunetas, intentemos al menos que los nietos queden lejos de seguir aquellos pasos.

En noviembre de 1936 se llevaron a cabo el traslado de presos de las cárceles madrileñas, las sacas, todas ellas registradas públicamente con membrete oficial por el Delegado de Orden Público Segundo Serrano Poncela, a las órdenes de Santiago Carrillo. Estas sacas se hicieron con listas nominativas con la intención de alejar los presos más allá del frente con destino Alcalá de Henares. Se buscaba distanciar aquellos presos afines al bando nacional para impedir la suma de fuerzas ya que el asedio de la ciudad de Madrid por las tropas franquistas era inminente, por otra parte algo que estratégicamente era la opción más inteligente. Varias de estas sacas estaban intentando ser llevadas a la ciudad del Turia donde se encontraba la plana mayor de las milicias republicanas, pero la propia carretera de Valencia ya había sido tomada en posiciones por el bando nacional, por lo que una vez llegados a Torrejón de Ardoz no decidieron continuar y se desviaron hacia Paracuellos de Jarama donde la totalidad de los integrantes fueron fusilados.



La imagen del Frente Popular fue dañada por aquellos hechos y los propios diplomáticos que trabajaban en España les criticaron duramente. Tuvo que ser el sevillano y trianero Melchor García Rodríguez, reconocido anarquista y sindicalista, quien finalizase con aquellas masacres gracias a su actuación al frente de la Dirección de Prisiones. Sin embargo este pequeño parón de derramamiento gratuito de sangre de personas ya sentenciadas a penas de cárcel duro poco, ya que El Ángel Rojo, como era apodado, dimitió y ello permitió nuevas extracciones y fusilamientos.

De 33 sacas 23 fueron asesinadas tras bajar de aquellos autobuses municipales verdes de dos plantas que se utilizaban para los traslados. Se fusilaron presos de la Cárcel Modelo, Porlier, San Antón y Ventas. El Bando Popular decidió al menos respetar la cárcel de mujeres y no hay constancia de que fusilarán a ninguna de ellas.

Los propios vecinos de Paracuellos no quedaron a salvo de verse salpicados por aquella masacre independientemente de sus ideas ya que fueron ellos a punta de pistola quieren fueron obligados a cavar las fosas para ir depositando la pila de cadáveres. Los horrores de la Guerra Civil no atendían a ideas prefabricadas, sino a intereses particulares. Ahí estaban los vecinos, los hermanos, las familias y la envidia de la guerra de pueblos. Este episodio demuestra fríamente que no hay nada más peligroso que un español acorralado.


Los muertos como alguien dijo, son al final de las familias y no de las ideas. No paramos de repetirnos que hay que conocer el pasado para no repetir los mismos errores, pero algunos solamente quieren recordar la parte que no entiendo porqué, les interesa, cuando el único interés común debería ser reconocer a los héroes de ambos bandos y despreciar todas aquellas acciones cobardes que se cometen en todas las guerras.

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