Cinco tecnologías por las que yo no hubiese dado ni un duro

Tirando toda la humildad por la borda tengo que decir que siempre me he considerado una persona con las miras suficientes como para conocer cómo sería el desarrollo que tomarían mis hobbies y con ello poder invertir de la manera más acertada en el medio que considerase más fructífero. La mayoría de la veces no me ha sorprendido nada del camino por el que ciertas grandes empresas han tirado, pero guardo en mis adentros una buena mano de patinazos personales. Jamás hubiese acertado al ver, ni por mil vidas que hubiese vivido, que esas ideas hubiesen llegado a buen puerto. Bendito momento en el que no fui yo quién tuvo que decidir.



Facebook y las marcas

No me refiero a la red social en general, hasta los griegos sabían el pelotazo que iban a pegar. Corría el año 2009 y comenzaba sigilosamente a darle información a Mark Zuckerberg. En una de esas conversaciones de banquito Antonio de la Mano afirmó tajantemente: "En unos cuantos años las marcas dejarán de anunciarse por su página web. Dentro de nada después de un anuncio veremos facebook.com/adidas y no adidas.com".- "¿Dóndeeeee vaaaaas?".- le contesté automáticamente. Tenía más razón que un santo. Nunca pensé que las marcas terminasen dándole tantísima importancia a su espacio en una red social, incluso más que a su propia web.

Spotify

Youtube existía desde hace años, pero la tecnología streaming comenzó a desarrollarse y sobre todo a rentabilizarse con Spotify. Me dije: "Esto dura cuatro días, no tiene sentido que la gente escuche música de calidad bastante mejorable tirando del ADSL, con lo bonito que es una buena colección ordenada e ilustrada de iTunes". Hoy me ducho con Spotify, cocino con Spotify y conduzco con Spotify. Es cierto que ayudó que los músicos se adentrasen en ese mundo y que ya no tengamos conexiones de 2Mb, pero jamás lo hubiese imaginado.

Netflix y compañía

No deja de ser más de lo mismo, streaming. No le encontraba sentido por aquella época en ocupar más de la mitad del flujo de una línea de ADSL o de Fibra Óptica para disfrutar de una película o una serie a la que podías dedicarle el tiempo en buscarla y descargarla. A día de hoy tengo EZCast, me he pegado años con Yomvi, me he fumado temporadas de series completas por KODI y tengo una bonita colección personal en Plex. En mi defensa diré que todo había que haberlo visto con una conexión de 2Mb de ADSL y no con una actual de 300Mb de fibra.

iPhone

Cuando salió el primer iPhone vi su precio y comprobé que lo único nuevo que me daba que no tuviese mi iPod Touch era una conexión 3G, pensé que se habían vuelto locos. Cuando encima me empezaron a hablar de apps de pago me dio la risa. Era el Ray Charles de las premoniciones.

Cascos de diadema

Me crié como mucho de vosotros con un walkman y un bolígrafo. Probé mi primer discman mientras estaba hospitalizado durante una semana. Antonio de la Mano me lo dejó. Recuerdo que si le soplabas ya saltaba la lectura del CD. No tenían buffer. Me terminé haciendo con uno y me compré mis primeros auriculares porque me daba vergüenza ir con cascos por la calle. No tenía tampoco una explicación muy lógica. Eran demasiado llamativos. A día de hoy se llaman Beats y cuestan lo mismo que el discman y el walkman juntos.

En una posible próxima entrega os contaré las cinco tecnologías que considero que terminarán muriendo pronto.

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