Mercado de San Antón - Madrid

Un buen mercado es actualmente un lujo al que no todo el mundo puede tener un cómodo acceso semanal. Nos hemos acostumbrado por desgracia demasiado a presumir de la mejor huerta de Europa pero alimentarnos de los pimientos de Marruecos. Si eso a mí como consumidor me duele, no quiero ni imaginar cómo tiene que tener el estómago el labrador de Murcia, el recolector de Almería o el chipionero que entra en un Mercadona a por un kilo de papas.


Ahora lo más cool es la chorradilla esta de los Mercados Gourmets. El concepto no es del todo malo, pero esto es España, tanto para lo bueno como para lo desastroso y somos capaces de terminar cobrando -y algunos pagando- el kilo de picotas a 35€ por montar el puesto al lado de la Plaza Mayor. Prostituimos el producto por la incapacidad que hemos tenido de no saber desarrollar entre tanto ladrillo y tanta autopista de peaje vacía las zonas necesarias como para no perder el contacto diario con el mercado de toda la vida. En Madrid es altamente complicado salir casi a diario a consumir productos frescos y a buen precio. Una simple pieza de fruta buena o un par de kilos de buenas verduras se ha convertido en todo un lujo. Surtido hay y de calidad, pero a precio de grafeno.


Conocí uno de esos nuevos mercados gourmets que me pareció muy interesante. En primer lugar por alejarse del innecesario bullicio que supone visitar otros. Hacer el simple intento de adentrarte entre las lindes del Mercado de San Miguel en fin de semana puede convertirse en una inenarrable epopeya tras la cual salir exhausto y sin aliento, muerto de hambre y sin un duro en la cartera. Permítanme que les diga que para eso no quiero mercado alguno, por muy gourmet que se me presente. Por ello y por más cosas el Mercado de San Antón me resultó de un interés muy por encima de cualquier otro. Ubicado en Chueca, el mercado queda bien distribuido en las siguientes tres plantas.


En la primera planta nos encontramos con el mercado tradicional, renovado y actualizado, con unos precios competitivos y lógicos para lo que ofrece. No me llamó la atención ningún desbordamiento irracional. Un mercado atractivo, vistoso y que nos anima a comprar. Novedades como carne de cebra, antílope o canguro que jamás había visto en ningún mostrador. Una frutería apetitosa, una buena panadería y hasta un mostrador de Hamburguesa Nostra.


En su segunda planta tenemos la zona de restauración. El tradicional tapeo que nos ofrecen los distintos puestos. Tanto en salado como en dulce. Una presentación inmejorable con unas barras donde ver de antemano los platos que podemos pedir. Con un paseito a una buena hora indicada tendréis la salivación bien asegurada.


En su última planta está la terraza, donde un restaurante regenta dicho emplazamiento. El tapeo en la planta anterior fue tan bien ambientado que no habíamos dejado hueco alguno para sentarnos a probar nada aquí, aunque no me cabe ninguna duda de que tiene que ser otra opción notable para la próxima visita.

Aquí os dejo una pequeña selección de tapas que nos llamaron más al estómago. Si tenéis la oportunidad de visitarlo creo que saldréis encantados.


 





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