Cádiz

Solamente he pisado una tierra con toda la humildad que normalmente no posee un sevillano ante la cual me he negado a tirar del libro de las comparaciones, posiblemente porque en muchas de ellas hubiese salido perdiendo. Jamás me veré en condiciones ante las cuales intentar enseñar algo de la trimilenaria. Soy de los sevillanos que conocen hasta donde deben llegar sus fronteras y de los que cuando pagan el peaje lo hacen con la sonrisa más grande que tienen, al igual que a la espera y el respeto que se guarda en el rellano de un buen vecino cuando te ha invitado a tomar algo en su casa.



Si te robo son sólo unas fotos, si puedo regalarte algo es simplemente mi admiración. Cádiz y su Torre Tavira, sus pequeñas alturas desde donde observar sus grandezas. Desde aquí la visión de alguien que jamás soltará un pisha ni le cambiará el acento por febrero, que no pisó el Carranza ni se emborrachó en tus playas, que no corrió tus parques ni pescó nada en tus aguas, pero que te canta doce meses y que aun sabiendo que está en casa del vecino, se siente como en casa.


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