Los tres pequeños conocen a Papá Noel

Hubo una vez un padre, uno de esos padres clásicos, panzudo, con poco pelo y unas barbas de las que no dejan entrever la veracidad de una posible sonrisa. Un padre correcto, autoritario y disciplinado, un padre, al fin y al cabo, de los que lleva consigo todo lo que cada una de sus letras lo define como tal. Un día, uno de esos vecinos de escalera, inoportuno como siempre, pretendió bajo la imposibilidad y la ineficacia del humor que creía poseer no dejar pasar desapercibida la sombra de su propia ignorancia. "Vecino".- le llamó, haciéndole girar mostrando una dudosa compatibilidad entre su cara y sus ojos. "Vecino, una cosa sólo. ¿A cuál de tus hijos quieres más?".- y mientras se le cambiaban los ojos por la boca y la sonrisa por la mirada, inesperadamente le dijo: "De mis doce hijos, no dudo... a Diciembre".

Podría comenzar este segundo párrafo rebuscando la mejor manera de hilvanar mis sentimientos como si estuviese buscando la perfección adornando un árbol de Navidad. No lo haré. Os evitaré el suplicio de leer mis argumentos y mis justificaciones ante tales fechas, pues no es más que un deseo incontrolable e irracional por el cual no me importaría vivir en un perfecto bucle infinito sumergido entre tales aguas, tan solamente acotadas por el día en el cual se enciende la primera bombilla y sin más termina el titileo de la última.


No más pido que aun siendo difícil - muy difícil - todo siga teniendo al menos el mismo olor que los demás años, ya que si la Navidad es para alguien, es sin duda para ellos. Como en sagas anteriores, recordad:

- NO APTO PARA LOS PEQUES -

Feliz Navidad.

A LA MEMORIA DE LUCIANO GARCÍA CANO.

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