Campus Palmas Altas, Sevilla

Disculpen al tiempo, al poco, o discúlpenme a mí, tal como prefieran. Supongo que soy ese niño bloqueado, paralizado, asustado por el mismo reflejo de su felicidad, rodeado de enormes cajas de juguetes en cualquier centro comercial acercándose enero, educado, mirando sonriente a sus padres, buscando el permiso, esa respuesta silenciosa, ese ahora sí papá que ya me toca, déjame soñar con lo que tengo delante. Supongo que soy como ese niño perimetrado por todo lo que quiere, acelerado y aun así quieto, viviendo de la posibilidad, de la cercanía, feliz sin dar ese paso al frente, seguramente por miedo a equivocarse, a no optimizar. En ese mismo momento no hay error alguno. Estás tú, tu tienda de caramelos y un permiso desligado que te ofrece el ser adulto sin tan siquiera imaginarlo. Haz lo que quieras, ya puedes. Y ya ves, no haces nada. Niños como esos hay pocos, por eso también pido perdón, por creerme al menos medianamente diferente.

Hay esquinas, remolinos recónditos en medio de cualquier ciudad, rincones ocultos para la mayoría pero sin embargo a la vista de todos. Fronteras invisibles que sin cerrarse cual terreno vedado tienen algo complicado de explicar que hace de ellos un pequeño Edén, no precisamente por su belleza y sí posiblemente más por su carácter inexplorado, aventurero, por que saben apagar, sin pretenderlo, ese fuego salvaje que todos llevamos, o debemos llevar dentro, con gasolina. Uno de esos sitios en los cuales tras adentrarte es muy probable que se te bajen los humos pronto al ver que no eres tan Indiana Jones, que no es que tan siquiera seas de los primeros o que se rastreen caminos pasados con cierta facilidad, sino que ya hay alguien ahí sentando, pensando, antes que tú. 

Encerrado entre la SE-30 y la carretera de Bellavista se observa actualmente el Campus Palmas Altas, un proyecto arquitectónico para ubicar la que ahora mismo es la sede sevillana de la multinacional Abengoa. Zonas ajardinadas y cómoda movilidad aportan lo que en un futuro será, con la instauración de la futura Universidad Loyola, una de las zonas de crecimiento de Sevilla. Medianamente ubicados ya sólo toca disfrutar, hurgar, posibilitar con ello de lo absurdo la obra barata y entretenida que toda boca inquieta busca alguna vez mostrar.

Libre de toda prohibición, entregado al ojo responsable del humano medio, el cuadro nos muestra una vía de tren, la misma que lleva y trae tanto sueños como desgracias. Detrás va dejando Sevilla, su puente y su río. Delante una aventura, otra más, de las muchas que posiblemente viva cada día, de las mismas que no van a llamarte para darte la oportunidad de formar parte de ellas. Nadie va a venir a tu casa a regalarte nada, nadie. Si quieres algo cógelo, o al menos, acércate para intentarlo. A corta distancia puede que ya no brille tanto, o incluso más, quién sabe. El verdadero problema es que de lejos las cosas no huelen.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Instagram