Sevilla, su Feria de Abril y yo

La mía empezaba siempre el primer domingo, bastantes horas antes de un "alumbrao" que me importaba más bien poco ya que por aquellas horas yo ya estaría en casa con más de veinticuatro horas de resaca disfrutando de esa sensación marítima que nos llevamos a la cama, incluso un día después, cuando no hemos parado de dar tumbos de cacharrito en cacharrito.


Mi Feria de Abril siempre cumplió con nota las expectativas; un par de días de Calle del Infierno y otros tantos de casetas, junto a mis padres y sus amigos, arramplando como todo niño pequeño la barra del bar a base de Pandilla Drakis y Coca-Cola gracias al conocimiento de unas palabras mágicas: "Apúntalo a la cuenta del barbas". Me costó algún que otro año comprender el porqué de que esos mismos adultos disciplinados, responsables, sensatos y con una facilidad innata para negarme mis alocadas propuestas se convirtieran en seres capaces de soltarme dos mil pesetas por tan sólo decirles que quería un helado. "Compra para todos".- me decían. Es lo que tiene la fiesta, más de uno se creería Donald Trump.

Ahora uno ya ha crecido y se ha ido olvidando - aunque no del todo - de la Pandilla Drakis, puesto que el jamón ibérico y unas buenas gambas blancas de Huelva se han ganado con creces la ubicación en mi personal estante de trofeos culinarios. La perspectiva es diferente, pero no cambia en absoluto el sentido arraigado de esta semana, la oportunidad que te brinda un enclave ideal para reunirte con los tuyos y comer y beber y el que quiera, pueda o sepa, bailar. Ahora ya no te fijas tanto en esa ingeniería feriante, ruidosa y llamativa y tus avispados ojos ya no prestan tanta atención a esa lejana Pesca del Pato y tus juguetonas pupilas se terminan posando sobre las apretadas y embutidas caderas de todas las flamencas que disponen de una sonrisa y unos mejores andares para acompañarte con el rebujito.

Dicen que la Feria es para los sevillanos, que si no eres autóctono ni vayas, que todo es privado y que no disponemos de ningún interés como para abrirle las puertas al vecino. Yo les diría que la Feria es para el paga, sea de donde sea y que cada año algún que otro AVE lleno de mujeres ya vestidas de flamenca demuestra que siendo socio, que soltando jurdeles o teniendo invitación, la Feria es un templo pagano que no mira de donde vienes. La ignorancia presume de tener una boca muy grande. Jamás escuché a nadie despotricar por no poder disfrutar de un encierro de San Fermín desde un balcón en Estafeta diciendo que claro, que los Sanfermines son para los pamplonicas. Supongo que a mí jamás se me ocurriría en la vida plantarme ante una fiesta desconocida de proporciones consideradas a pecho descubierto, ignorando en todo punto la disponibilidad de sus servicios públicos de entrada libre, creyendo que a mi llegada, como si de un mesías se tratase, el pueblo se abrirá al "forastero", pueblo que ha estado labrándose su hueco año tras año, limpiándolo y dejándose las uñas para sacarle su brillo, para que sin avisar llegue yo y me plante en el mejor sillón que ni ellos mismos disponen. Seamos sensatos.


Sevilla es mucho más que sus farolillos, sus peinetas y sus volantes, de hecho Sevilla es mucho más que cualquier Virgen, que cualquier Cristo. Su concepto de ciudad está por encima hasta del individuo que nació en ella, que la trabajó y la vivió, porque ella no debe nada a nadie. No obstante, sería absurdo intentar engañarme y buscar la manera más pomposa de apartarla de todo lo que he nombrado, ya que no estaría haciendo otra cosa que intentar alejarla de ella misma, alejándome con ello yo de mí.





5 comentarios:

  1. Excelente reflexión sobre el cambio de conceptos y gustos. No le haré nunca ascos a un paquete de Drakis ni al calle del Infierno, pero donde se ponga una sevillana vestida de flamenca... Sin duda se trata del traje tradicional con mas estilo de todos. Falleras y lagarteranas para quien las quiera!!!

    Y que puedo decir sobre nuestro baile popular: las sevillanas. Hablan de fiesta, pero también de amistad, de recuerdos, de historia, de amores y desamores... Toda mujer que se precie debe saber embaucarte al bailar las correspondientes cuatro sevillanas. El taconeo. Esos volantes al aire con cada uno de los giros que hacen. Mirarle a los ojos en cada cruce. Aferrarte a esa cintura en cada final. Esos giros de muñeca... Para poder bailar una sevillana en condiciones hace falta espacio. Lo mismo es bailar un chotis en un azulejo!!!

    ¿Y los complementos? Lo mismo es un 'pedaso' de sombrero de ala ancha que una barretina...

    En fin, me callo, porque si no, no paro.

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    1. Al final va a resultar que si tenemos patria y se llama Andalucía.

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    2. Las sevillanas, la feria y la ciudad no son buenas porque sean mejores que otras, sencillamente son buenas porque sí. No hace falta comparación alguna. Cada lugar su cosa y cada cosa su estilo.

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  2. Magníficas fotos. Comparto casi todo de tu reflexión. Yo siempre he dicho al que me ha querido escuchar que no es que la feria sea para los de Sevilla, sino que para nosotros , durante esa semana, la caseta es como el salón engalanado de nuestra propia casa. Desde pequeño en casa de mis padres de Nervión, esa semana no había comida para nadie, el que quiera comer, ...a la caseta. Pues bien, como parte de nuestra casa la usamos para star con quien queremos...en ambas acepciones del verbo querer.

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  3. Muchas gracias Fernando por tu comentario, tienes más razón que un santo.

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