En busca del asteroide 2012 DA14

Lo siento mucho por los rusos, pero estaría mintiendo si no os dijera que las noticias acaecidas no hicieron más que echarle nata y chocolate fundido al helado. Un helado que llevaba muchos meses buscando, no por el asteroide, sino por la consecución de algunos quehaceres que me llevasen al páramo más recóndito, al más oscuro y tenebroso, a ésos lugares que tanto nos gustan donde la luz la pone uno mismo y un maletero lleno de víveres y Coca-Cola bien fría. Noches en la que el tiempo corre, las mandíbulas rumian  y la fotografía va quedándose como excusa perfecta para reunirse al rededor de nuestra propia historia.

Isla Menor, tierra de arrozales, humedades, juegos naturales donde los ríos se chocan la mano y se marchan, explorando cada uno terrenos por su cuenta para no muy tarde volver y contarse lo que han vivido. Posiblemente la oscuridad más profunda en la que puedas zambullirte a menos de veinte minutos de Sevilla. La luna acompañaba elegantemente esbozando su media sonrisa picarona, buscando hacer acto de presencia, sin protagonismo alguno, pero pasando en tiempo y forma lo suficiente como para poder contar la noche como testigo.

Fueron dos bocadillos, de pollo y pimientos con mayonesa, dos sandwiches especiales, su buen paquete de patatas y una parada a tiempo en el McDonald's nos nutrió de sus nuggets y de alguna que otra hamburguesa. Me reconocerán al menos que sabemos hacer las cosas. El 2012 DA14 podría no aparecer si quiera, pero no habríamos desaprovechado la noche. La verdad es que no vimos más que estrellas fugaces y un cielo de esos que te parten el cuello - que no es poco - pero del asteroide ni rastro. Aun así, no desmereció ni un ápice.

Tras calibrar, enfocar, encuadrar y medir la exposición de las tomas - algo de lo que hablaremos en próximas entregas - me animé a mi primera intentona de timelapse nocturno con la Canon 5D Mark II. Ayudándome de un disparador remoto dispuse un automatismo de 15'' por captura. Me encerré al cobijo del coche, conversación y a esperar. Una de las cosas que pretendo mostrar con esta prueba es que en fotografía, como en un examen de conducir, no eres rey mandatario de todo lo que pueda ocurrir por muy bien medido que lleves cada palmo de tus pasos. He creado un gif animado del propio resultado del timelapse que resultará bastante más plástico que mis palabras.

Podrás hacerlo todo con la misma meticulosidad que Ansel Addams y sin embargo, como en este caso, una helada podrá empañarte el objetivo en cuestión de pocos minutos, riéndose de tu tiempo y de tus ilusiones, destrozándote de una manera silenciosa el resultado que trabajaste durante horas. Afortunadamente me di cuenta y con ello me liberé del desorden mental que me hubiese supuesto perder más horas.

Si nos fijamos en el cielo podemos ver el movimiento terrestre con el cual las estrellas comienzan su baile. Si echamos la vista en el árbol es más notable si cabe la helada que abraza a la lente. Del fogonazo no asustarse, no es el asteroide, tan sólo es un coche.


De noches que me enseñaron más de lo esperado, de esa oscuridad capaz de mostrarte toda la luz que no eras capaz de ver en tu andadura.

1 comentario:

  1. Grandes sesiones llevamos en mitad de los arrozales. Mucho cariño le tengo a esa solitaria carretera. Bocas de riego y maquinaria agrícola trabajando hasta altas horas de la noche, cielo estrellado y hamburguesas, Cámaras en trípode y Coca-Cola, ¿para qué más?.

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