Aeropuerto de Sevilla - SVQ

Bajo la existencia momentánea de opiniones enfrentadas cada persona dispone de un abanico de armas
a elegir, defensas que se alejan de espadas medievales empuñadas a dos manos, aunque en ocasiones éstas pueden resultar bastante más dolorosas que el acero templado. La capacidad oratoria y argumentación de cada cual son las principales bazas para por lo menos salir lo más airoso posible, sin olvidar que nuestros afectos y pasiones pueden llevarnos a primera fila de batalla, sin escudo, sin flechas, tan sólo con el falso autoproteccionismo que a veces nos otorga la alta temperatura de nuestra propia sangre. Es por ello por lo que en ciertas ocasiones prefiero mirar para otro lado, ceder el turno y despojándome de toda capacidad para convencer al mismo diablo de sus propias bondades, mirar a los ojos y sin más, no decir nada. Siempre pensé que cuantas menos personas disfrutasen de algo mío, de más parcela libre podría disponer, justo lo que me ocurre en esta ocasión.

Ya se me escapó que en otro momento algo tendría que contar de este lugar. Podría intentar defender este fangal tratando de encontrar la manera más plausible de poseer un buen aprobado en una tesis, pero con ello tampoco lo convertiría en algo más recomendable, sería sólo una forma de alimentar mi ego, produciendo de la suma de mis absurdas justificaciones el descubrimiento de algún tesoro perdido y créanme, mi ego se distingue por ser ese niño que siempre se sentó en las últimas filas de cualquier ponencia.

Sevilla tiene un pequeño aeropuerto, un aeropuerto íntimo, de ésos que reconoces como propios y te avisan antes de llegar a casa de que ya estás en tu casa. Unas instalaciones abarcables que regalan un extra de comodidad respecto a otras terminales laberínticas. Un aeropuerto del que no esperes grandes viajes, de hecho de seguir así terminarán ofertando un puente aéreo a Carmona sin tan siquiera tomar vuelo.

En algún punto de su perímetro se encuentra una posición privilegiada de no fácil acceso, un terreno que pone a prueba los bajos de nuestros coches y a orillas de un canal en el que espero no caer nunca. Uno de esos suelos poco agradecidos, secarrales polvorientos en días secos que pueden pasar a ser sucios e incómodos fangales si alguna que otra lluvía les saluda. Son por estas cualidades poco decorosas por las que no pretendo intentar desarrollar la magia de la que dispone. En mi ciudad resulta muy complicado captar  la atención de algo que se venga alejando del olor a incienso.


Si esa tarde el viento se ha aliado contigo, sin tú siquiera proponérselo, podrás saber lo que se siente cuando te atraviesa el aire endemoniado que van dejando segundo atrás los motores de un Boeing 737. No soy bueno midiendo distancias, pero la sensación es que pasan sobre tu cabeza a un buen tiro de piedra. Seguramente si le dedicase alguna que otra hora más terminaría encontrando las palabras más oportunas para explicarlo, no obstante una imagen vale más. Os dejo un vídeo donde capturo algún par de planos. La oscuridad del último se lo agradecéis al señor GoPro Hero 2 y así también de esa manera aprendéis que sus vídeos promocionales no suelen estar grabados con sus propias cámaras.

2 comentarios:

  1. Gracias por inmortalizar una zona como es la del aeropuerto de Sevilla que trae a mi mente tantos recuerdos...

    Quién no ha llevado a una chica a ver esos aviones para impresionarla, o simplemente ha ido con sus amigos a pasar el rato comiéndose una hamburguesa mientras charlabas esperando ese momento en el que esos bichos pasaran por encima de sus cabezas...

    Gran entrada que como siempre hace que me salga una sonrisa de oreja a oreja.
    Enhorabuena por tu trabajo.

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    1. Es que eres pa comerte. Todavía recuerdo la primera vez que fuimos y no dimos con el sitio exacto, eso sí de McDonald's nos pusimos hasta reventar. He llegado a coincidir algún fin de semana con grupúsculos extraños de personas que montan allí su botellona, imagina.

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