Minas de Riotinto


Quiero suponer que todos nosotros cuando aun no disponíamos de permiso de conducir llenábamos nuestras cabezas con planes, con idas y venidas. No siempre la ilusión de éstos era proporcional a la complicidad del mismo. A mí personalmente, me bastaba verme conduciendo por las calles por la que siempre paseaba, ésas cercanas a casa, cuyo nivel de conocimiento es tan amplio que sería capaz de correrlas con los ojos vendados, ya que cada metro que poseen ha sido testigo de cada paso que he dado en mi vida.

Subiendo la sierra, con el sol acariciándome las mejillas, tras una curva a la izquierda, mi mente llegó a quedarse con la imagen de un pequeño camino de tierra que como cantos de sirenas me había convencido en cuestión de pocos segundos que tenía que adentrarme en él. Son de esas pequeñas absurdeces que sientes que han sido colocadas para ti, por mucho que lleven años otras personas conociendo esos rincones. Di la vuelta como pude, me salí del asfalto y allí que iba, cámara al cuello. No llegaría a sus veinte metros. Desconozco el tesoro que esconde, bien podría ser la Fuente de la Juventud, ya que no existe defensa más guerrera que una loca colmena de avispas que me ensordecieron a misma vez que me atemorizaron. Sólo me pude llevar una foto a modo de preciosa denuncia.

Fue la primera vez que salí de mi provincia a los mandos de un volante que deseaba con más fuerzas cada vez que subía a un autobús. No me compliqué demasiado con el destino. El vago recuerdo de una excursión escolar me hizo ver la oportunidad perfecta para ir más allá de mis calles, para empezar un nuevo camino en el que ellas ahora ya lo tendrían más complicado para tomar nota de mis errores y mis aciertos, para tomar nota de mi vida.

Las Minas de Riotinto han sido historia viva del crecimiento de civilizaciones. Tartesos, fenicios, romanos o almohades supieron sacarle partido a estas tierras con la imposibilidad tecnológica de la minería extractiva. No sería hasta 1873 cuando un consorcio británico fundó la Río Tinto Company Limited, consiguiendo el mayor apogeo industrial hasta el momento. El trasvase de trabajadores británicos a Huelva y la construcción del ferrocarril Riotinto-Huelva bordeando el propio río, facilitó el transporte de materiales hacia el puerto. Gracias a estos avances los propios trabajadores ganaron tiempo y calidad de vida, invirtiéndolo, entre otras cosas, en practicar su deporte favorito. Fue entonces cuando en España alguien pudo ver por primera vez algo parecido al actual fútbol. De ahí en 1889 el Huelva Recreation Club, actual Recreativo de Huelva.


A pesar de la inexistencia de explotación minera que impregna la zona desde el 2001, las minas siguen inspirando ese encanto que aporta imaginarse sus excavaciones repletas de trabajadores extranjeros, echando horas bajo medidas de seguridad ancestrales, ganándose la vida de la manera más honrada, con sus propias manos.

2 comentarios:

  1. Es una experiencia ver de cerca la Corta Atalaya, la que fue la mina a cielo abierto más grande de Europa en su momento.
    No sé si lo conociste, pero darte un paseo por el barrio inglés de Minas de Riotinto te transporta a otro tiempo y lugar.
    Hay tanto, tan bueno y tan olvidado tan cerca de Sevilla...

    ResponderEliminar
  2. No he tenido la suerte de pasearlo. Aquí para conseguir publicitar algo hay que ganarse las subvenciones en los despachos.

    ResponderEliminar

Instagram