Las dos caras del Metropol Parasol - Sevilla

Cuando un político dice aquello de: "Vamos a colocar la ciudad en el mapa", teme. Lo que realmente está queriendo decir es: "Vamos a coger todo vuestro dinero y se lo daremos a un afamado arquitecto para que se divierta con un proyecto faraónico". Y así fue.


Conocido popularmente como las Setas de la Encarnación, el Metropol Parasol es una estructura de madera apoyada sobre columnas de hormigón. No es más que un céntrico mirador  de unos 26 metros de altura en pleno casco histórico de Sevilla. Fue el proyecto ganador del concurso abierto por el ayuntamiento, donde el alemán Jürgen Mayer se llevó la corona.


Sus instalaciones guardan el Nuevo Mercado de la Encarnación, zonas de restauración y una plaza cuyo único uso ha sido el emplazamiento oficial de los llamados indignados. A sus pies se conservan los vestigios arqueológicos del periodo romano, tesoro de cualquier cuidad con historia y oportunidad más que manifiesta para aumentar el presupuesto de algunas universidades para becarios de Indiana Jones.

Sevilla es una ciudad con un alto porcentaje de sabor a rancio. Digamos que cualquiera que tenga los ojos bien abiertos puede observar desde su más tierna infancia como esta cuidad representativa de abanicos e incienso, dispone de los lobbies de presión más marcados de toda España. Hay que contentar a los de siempre, a los cofrades. Visto más allá de la provincia puede entenderse como algo exagerado, sacado de tono, pero nada más lejos de realidad.

Siempre he recordado la Plaza de la Encarnación como un lugar rodeado de dos cosas: autobuses y mendigos. Una plaza donde el hollín bailaba tangos con el fuerte olor a orina de los mimos que dormían sobre sus bancos. Una plaza cercada, rodeada de chapas de metal que escondían la paralización perpetua de unos resquicios romanos que tiene Sevilla allá donde te pongas a picar. En definítiva, la Plaza de la Encarnación ha sido siempre un esperpento común a lo que los sevillanos estábamos acostumbrados, un lugar de tránsito y comunicación hacía las entrañas de Sevilla donde la normalización de una situación nefasta se había hecho palpable en cada cartón de vino que apartabas sin pestañear.


Una administración cochambrosa, una oportunidad única para engordar los bolsillos de los mismos y una barbaridad económica hicieron posible el Metropol Parasol. Subvencionado por el ayuntamiento, con unas negociaciones que no quiero ni conocer, donde cada sevillano entra de forma gratuita y cada foráneo tiene la posibilidad de subir a su mirador por un euro.

Vanguardismo en un lugar equivocado con el dinero de todos desproporcionadamente invertido. Aquí se abre el debate de una ciudad a veces incapaz de ver más allá de su conformismo y queja ante cualquier cambio, de su negatividad prejuzgada a no ser que algún Hermano Mayor diga lo contrario.

En mi opinión, cualquier proyecto que se hubiese llevado a cabo era positivo. Afortunadamente tengo la memoria necesaria como para recordar cada incómodo paso que daba por su plaza. Ahora tengo la posibilidad de ver la ciudad que tanto quiero desde una perspectiva diferente y me han regalado tardes maravillosas pasándome horas mirando el horizonte disfrutando del mejor museo de todos. Habría que mirar más alto y darse cuenta que desde su altura puedes disfrutar de numerosas cúpulas de las iglesias que pueblan la ciudad del Guadalquivir, las mismas que los que siempre se oponen a todo las veneran y disfrutan en los bares.

3 comentarios:

  1. Mucha razón tienes en lo que dices, de todas las posibilidades de mejora eligieron la peor, agridulce sabor de boca, estamos mejor que antes efectivamente, pero el verdadero coste ha sido lo que los economistas llaman el coste de oportunidad, esto es, hemos perdido mucho porque las posibilidades daban para mucho más.

    Recuerdo cuando siendo un chaval todos los viernes por la tarde me dirigía montado en "el 27" con la ilusión de gastar mi asignación en discos de la desaparecida Sevilla Rock, la plaza de la Encarnación para mi era un fortín de insalubridad y cartones de vino peleón que observaba desde el extremo de sus aceras mientras andaba casi sin respirar. Echando la vista atrás ciertamente las setas me saben a gloria.

    Todo esto no quita que me parezca una sinvergonzonería superlativa el dinero empleado, los materiales empleados y el oscurantismo que tan presente están en este tipo de construcciones.

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  2. Sólo un pero: creo que podría haber tenido peores soluciones, como por ejemplo un "edificio singular" que albergara el "Museo del Cofrade"... o algo por el estilo.
    Estupenda entrada, pedazo de panorámicas.

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  3. Amigo, lo has clavado. Al final vamos a tener que estar bastante contentos.

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