Hard Rock Café Madrid

Intuyo que conocido por todos, pero no catado por muchos. El temor del que se dispone sobre estos restaurantes temáticos viene prejuzgado por el valor añadido que supone ese pequeño museo que ofrecen. Desde fuera me ha llegado a dar la sensación de que estos tipos de restaurantes ofrecen la comida como mera excusa para sentarse delante del bazar de turno y hacerse un sin fin de fotos con sus enseres y regalos y como no, tras pedir la cuenta pasar por su tienda de regalos. Ya de por sí, empezamos mal.


En todo momento parece que acabamos de entrar en un sacadero de dinero y nos mantenemos alerta pensando por dónde nos la van a meter más doblada. Crean un restaurante, una casa de comidas a modo de marca, elevándola a la categoría de moda y diseño para más adelante ofrecerte su camiseta, su logotipo y 25€ que te crió. Entonces, ¿a qué venimos? Sin duda alguna, a pasarlo bien y a comer. Y ese pasarlo bien, ese divertimento, es la pieza significativa de la que no dispone otro tipo de local.

No era la primera vez que entraba en el Hard Rock Café, sí en del de Madrid, pero hace años recuerdo con sorpresa como en el de Barcelona fue la primera vez que conocí la apasionante locura quinceañera del refill, ese sin Dios con el que eras capaz de beber hasta reventar sólo pasar salir de allí contando que habías ganado a todos tus amigos en la desproporción incondicional de ingesta de azúcares.

Queríamos que nuestro picoteo fuese de lo más expandido posible para de esa manera llevarnos la idea más amplia sobre su cocina, así que nos dejamos recomendar por un excelente camarero ataviado de temeroso personaje de Halloween. De primero un Jumbo Combo, que como reza su propia carta es una deliciosa selección de sus entrantes más populares. Incluye Rollitos de Primavera Santa Fe, Alitas de Pollo, Aros de Cebolla, Cuenco de Patatas y Pollo Tupelo. Todo ello servido con cuatro salsas diferentes. 


La verdad que fue todo un acierto. Jamás he comido unos Rollitos de Primavera tan deliciosos, bien servidos y acompañados de la perfecta salsa. Las Alitas de Pollo carecían de cualquier tipo de aliño, de hecho casi que carecían de sabor, no obstantes eran geniales para ser acompañadas con salsa barbacoa. No tardamos ni dos segundos en mirarnos a la cara tras probar los Aros de Cebolla y coincidir en que los del Friday's están mucho mejores. El Cuenco de Patatas mojado en miel y mostaza estaba aceptable y la fritura del Pollo Tupelo era tan crujiente y tan poco grasienta que me hubiese gustado ver al chef trabajándolas.


Todo fue al centro, a compartir, como las buenas familias estructuradas, incluso el plato fuerte. La Legendary 10oz. Burger, vendida por ellos como la más famosa del mundo. Bacon, dos lonchas de queso cheddar, un - innecesario - aro de cebolla crujiente, lechuga, tomate y pepinillos. Poco hecha, por favor. Y así fue. Sabrosa carne de calidad.

En relación a este local en particular tendría que decir que de rock tiene poco. Sería más realista si se llamase Hard Pop Café Madrid. Las zapatillas de El Canto del Loco, el teclado de la Oreja de Van Gogh, la guitarra de Antonio Vega, un poco de Jarabe de Palo y al menos uno de los zapatos de Michael Jackson. Era algo de lo más relevante que pude echarme a la cara. Como museo del rock tiene un suspenso demencial. Creo que es un despropósito empresarial montar un local en la capital de España con un material tan pobre y sobre todo, tan alejado de la auténtica realidad del rock. Una pena tener que añadir ese punto negativo a la incursión gastronómica. Sin duda un valor a cobrar indirectamente en tu cuenta que no te saldrá rentable para nada si una de tus intenciones era esa, admirar sus paredes. Para eso y con todo el respeto del mundo, mucho mejor admirar a sus camareras.

Como detalle, con la cuenta, como ya hablamos del momento Candela Bar o Hamburguesa Nostra, te obsequian con un ejemplar por persona de la revista RollingStone.

3 comentarios:

  1. Yo el único Hard Rock Café que he visitado fue el de Lisboa, y dio la casualidad que la vez que fui hubo un conciertillo en directo. Nada de Canto del Loco o gitanos de los 40 principales, disfruté como un enano y, para colmo, me comí la hamburguesa más rica que jamás me he comido nunca.

    Creo que este tipo de locales hay que verlos como (pobres) museos o para admirar la sub-contrata que les haya diseñado el local, poco más. Quizás vea un poco injusta el rasero culinario con el que mides los locales, es como si yo voy buscando calidad cinematográfica en Transformers 3. Pero tampoco te falta razón. A mí lo que me joden son las nuevas tendencias de Tommymels, Pegguisues y sus putísimas. Poca comida, de mala calidad y encima cara. Estás pagando por ver la pared.

    Al menos yo me fui de mi visita lisboeta con un concierto en lo alto, con la mejor hamburguesa de mi vida y con una foto con las baquetas de Aerosmith que mordisqueó la mismísima Edna Karabappel. Insuperable mi visita.

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  2. Yo conozco el Hard Rock Cafe de París y también he tenido ocasión de comer en el Hard Rock de Santo Domingo, en República Dominicna. La verdad es que la hamburguesa no estuvo nada mala y recuerdo que salí gratamente sorprendido porque no me esperaba encontrar en tierras caribeñas el material rockero que me encontré.

    Creo que al contrario que Planet Hollywood, Hard Rock Cafe sí ha sabido dar ese salto cualitativo de calidad gastronómica que otros no dieron. Este tipo de restaurantes son un poco como esos planes casposos llenos de tópicos, aunque sea una vez hay que probarlos.

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  3. Durante toda la comida estuvimos hablando del mismo Hard Rock Café al que haces referencia, el de Lisboa. Mi hermano me contaba que era una brutalidad, un museo buenísimo digno de admiración. Tuvisteis ambos la suerte de disfrutar seguramente de uno de los mejores locales.

    La comida estaba buena, no podría ponerle nada en contra la verdad. En relación a Tommymels y compañía pensamos lo mismo. La mitad de la carta son orejazos. Faltas de respeto directamente.

    En relación a Planet Hollywood, creo que Hard Rock Café es mejor, culinariamente y como museo. Aunque dependerá de cada local.

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