Enmarcar y firmar

Dentro del mundo del posproceso y sus softwares nos encontramos con el que podría ser el punto y final para presentar nuestro trabajo. Cuando tenemos todo como nos gusta algunos fotógrafos deciden personalizarlo un poco más, no sé si buscando de esa forma más elegancia o protección ante un posible caso de copyright fraudulento.

Hablando de la elegancia diré que es algo bastante personal. Lo que para uno puede ser satisfactorio puede dotarle de características contrarias a ojos de otros. Un par de pixeles en blanco, un par de pixeles en negro, algún sombreado o algo inmensamente horrible, son algunas de las opciones que suelen desarrollar para enmarcar.
Con respecto a la firma tengo otra opinión bien distinta y más posicionada. He sufrido casos ilícitos de propiedad intelectual con trabajos personales, fotografías propias en medios comerciales sin mi permiso y no precisamente de empresas de poca importancia. Lo he resuelto como he podido y he de decir que el hecho de que estuviesen firmadas no hubiera cambiado en absoluto lo ocurrido. Esa ha sido siempre una de las excusas que he podido escuchar de todos aquellos que deciden practicar esta forma. Para mí, firmar una foto y publicarla es una cuestión de ego, de dar a conocer al mundo el sello, el nombre o los apellidos de quien la trabajó. Algo para sacar pecho, sin valor alguno, porque un pincel de clonar puede quitarlo con facilidad.

Cuando comparto una foto en Internet me produce felicidad que los usuarios puedan llegar a usarla como fondo de escritorio. Personalmente no me gusta tener un wallpaper con el nombre del diseñador y yo no quiero ofrecer la misma incomodidad. Mi ego se encuentra más a gusto detrás del objetivo, conmigo, escondido en mi tarjeta de memoria y mi escritorio de trabajo.

He oído de todo, que le aporta elegancia, más profesionalidad, que le da clase… y no me he topado con nadie que sea tan sincero como para decirme que lo importante es que su nombre resalte más que el trabajo. Por culpa de esto se pueden ver trabajos con firmas tan grandes que molestan.

Tan solo hay que darse una vuelta por National Geographic o por Boston.com para ver que los mejores fotógrafos del mundo, los que tienen más clase, más elegancia y más personalidad dejan de inflar su pecho y aportan en positivo para los demás, no para ellos mismos.

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