viernes, 17 de mayo de 2013

Simetría y Aire - Su importancia

Supongo que gracias a la facilidad que Internet nos proporciona para la búsqueda inmediata de información ciertos conceptos técnicos se han democratizado, vulgarizándose - en el buen sentido de la palabra - los conocimientos medianamente necesarios para plasmar una composición respetable. Proporción áurea  regla de los tercios, jugar con la dirección del elemento o tirar de diagonales han saltado del bolsillo de unos pocos para ser factores a tener muy en cuenta cada vez que pulsemos el botón. Quiero creer que  absolutamente nadie se dedica a hacer fotos con escuadra y cartabón, sería la máxima bobada fotográfica, midiendo los centímetros necesarios para que los elementos se posicionen en los puntos teóricamente correctos. Las reglas de composición se estudian, se conocen y directamente se aplican a ojo desde un segundo o tercer plano, sin intermediar dificultándonos la toma, evidentemente es cuestión de práctica. Sólo nos faltaría tener otro enemigo más en casa para intentar desenfundar en cuestión de segundos y llevarnos ese pajarito que acababa de posarse sobre nuestra barandilla. Sería imposible.

Hoy quiero hablaros de las dos técnicas de composición que me suponen más quebraderos de cabeza; como titulé, simetría y aire. Ambas son las que menos dependen del fotógrafo, sobre todo la simetría, debido a que no somos ni el arquitecto ni el diseñador ni el ingeniero de esas calles, monumentos y edificios. La Wikipedia define la simetría como la invarianza bajo ciertas transformaciones, movimientos o intercambios. No hablamos en fotografía de una simetría matemática, de un tiralíneas perfecto - no siempre, pero todo tiene su momento - prefiero pensar en ella como un peso visual, como si cada elemento de la obra dispusiese de su peso real, en tamaño y forma, debiendo estar repartido de una manera proporcional,
de una manera simétrica. Creo que no hace falta decir que sería innecesario, incluso de mal gusto, hacerles el mismo paseillo a todos los trabajos. Cada foto es de su madre y de su padre y con ello lleva implícitos ciertos rasgos característicos que sabrán marcarte el cuándo y el porqué.

Por otro lado está el aire, lo que el silencio a una partitura, el espacio que enmarca la foto, tan importante o más que la simetría. Este aire está más relacionado con el encuadre y su posterior recorte. A veces no disponemos del que buscamos por diversas causas, normalmente por nuestro objetivo o por no disponer del espacio suficiente como para movernos holgadamente para abrir plano. Él es el culpable de transportarnos a una sensación agobiante, claustrofóbica o por el contrario de ofrecernos libertad de movimiento, hacernos sentir que por mucho que bailemos alocadamente en la oscuridad nuestros meñiques no se troncharán contra la pata de ningún mueble. El aire conlleva la misma importancia que el elemento principal, no existe el uno sin el otro.

Una vez medianamente definidos los conceptos y explicados bajo mi forma de verlos, quiero haceros partícipes de dos claros ejemplos de edición fotográfica, de Adobe Photoshop, para realzar lo que por un lugar no nos ofrece el medio en el que nos encontramos y por otro no disponemos de los medios materiales como para solventar esas barreras que se nos presentan. Ejemplificaremos con dos fotos, un antes y un después. Os dejo tiempo si queréis para jugar a las diferencias. Sólo hay una reseñable en ambos casos.



En la primera columna el Monumento a Calvo Sotelo con las inconfundibles Torres Kio coronando el fondo, alguna que otra más pegada de lo debido al elemento central. En la columna de la derecha estamos subidos al Metropol Parasol, con un bokeh de fondo difícilmente mejorable, no por la técnica, sino por las vistas, la Catedral, su Giralda y fijaos a la izquierda en el Puente del V Centenario. Ya os he dado pistas.


Reconozco que la Torres Kio llegaron a sacarme de quicio. Algunos lo llamarán perfeccionismo, otros directamente gilipollez, ambas conclusiones igual de válidas, aunque en mi caso prefiero quedarme con la primera, no obstante cuando gasto horas para ciertos arreglos no dudo en clasificarme dentro de la segunda. He marcado con un círculo el área modificada, transportando la torre oeste unos centímetros a la izquierda sobre la imagen para de esa forma conseguir algo más de simetría, no la matemática ya que le restaría realismo, pero de esa forma a su vez ganar ese aire que necesitaba la zona en concreto, rebajando la asfixia. Añadir que este enclave es el menos simétrico de la historia de la arquitectura. Si encima ya le sumas el Obelisco de la Caja, apaga y vámonos.

En el segundo caso estaba trabajando con un teleobjetivo, no tenía la posibilidad de dar ni medio paso más atrás, mi espalda chocaba contra el final y era justamente ese el encuadre que iba buscando. ¿Qué fallaba? El dichoso puente. No aparecía en su totalidad, ya no es que se olvidase del aire sino que directamente no quiso salir ni en la foto. ¿Solución? Reinventarlo, acortarlo y presentarlo como el único elemento del tercer plano fotográfico, mejorando la composición a niveles de forense o como bien dije antes, a niveles de auténtico gilipollas. Ustedes decidan.

lunes, 29 de abril de 2013

Burguett - Hamburguesas Gourmet - Sevilla


No hay paladines que puedan ganarme en batalla si ésta no es otra que la defensa de la hamburguesa. Mucho se ha debatido y menospreciado sobre su concepto, con el argumentario básico y fácil de catalogarlo cómodamente como comida rápida o incluso, los más osados, dedicarles algunas palabras más feas, comida basura. Supongo que en mi ciudad, Sevilla, la implantación de un McDonald's en la zona más comercial de la ciudad hizo que bares y cafeterías se sintiesen amenazados con el nuevo can de raza extranjera que había entrado en la perrera. Todo ello ayudado por la propia filosofía noventera de los negocios de comida rápida no han ayudado demasiado a que uno de los bocados más deliciosos de toda la gastronomía lleve su nombre precisamente bordado en oro. La hamburguesa es al clásico padre el recurso de fácil acceso para solucionarle el plan a toda una chavalaería, ignorando a toda causa el valor intrínseco de dicho producto.

Afortunadamente no me he encontrado sólo en esta batalla, existen compañeros paladines con mejores armaduras y un espíritu bastante más emprendedor que el mío que han arriesgado sus ilusiones por darle el aspecto que siempre debió tener. Burguett es un restaurante que Sevilla necesitaba, independientemente de su servicio, su carta o su calidad. Ensalzar la hamburguesa al peldaño que jamás debió dejar de ocupar es una responsabilidad a la que nos debemos todos los hamburguesólogos y ellos, con nota, lo han conseguido.

El número 24 de la calle Albareda nos ofrece un local cuidado, con cariño, con especial interés por cada detalle, un trato agradable y una carta lo suficiente como para no marearnos entre tantas opciones. Originalidad y gusto, muy alejados de ese fondo de armario americano que ni mucho menos resulta desagradable, pero que no deja de ser un compás repetitivo que se está convirtiendo en el recurso para ofrecer lo mismo con distinto nombre.

Tuve la suerte de estar bien acompañado, no era el único que quería meterle el mordisco, así que gracias a @delamano y @amolcua, todos pudimos meter mano en otro plato. Nos decidimos por tres hamburguesas y un entrante para compartir: 

Piruletas de Pollo con salsa Teriyaki y costra de Sésamo.

Andaluza - 140 gramos de carne de Ternera, Aceite de Chorizo, Jamón Ibérico, Pimiento Verde, Queso de Oveja y Mayonesa de Huevo.

Mediterránea - 140 gramos de carne de Ternera, Hojas Verdes, Tomate SEco, Cebolla Caramelizada, Mozzarella y Tapenade de Aceitunas Negras.

Trufada - Otros 140 gramos de carne de Ternera, Cebolla Caramelizada, Setas Frescas de Temporada y Aceite y Trufa Blanca.

Para mi gusto, todo notable. Lo mejor, la combinación de ingredientes, la creación de una armonía de sabores correctos, la optimización de recursos evitando recargar hasta lo innecesario, el muy buen pan y como no, la fritura de patatas que un leve aderezo de especias por encima la hacen especiales. Sólo eché en falta, por poner una nota discordante, que la carne de por sí tuviese más presencia, más sabor, aunque desconozco si ésto me ocurre por ser sufridor del síndrome Hamburguesa Nostra.

Si tenéis oportunidad, pasaos. Saldréis contentos. Les deseo lo mejor.

jueves, 25 de abril de 2013

Sevilla, su Feria de Abril y yo

La mía empezaba siempre el primer domingo, bastantes horas antes de un "alumbrao" que me importaba más bien poco ya que por aquellas horas yo ya estaría en casa con más de veinticuatro horas de resaca disfrutando de esa sensación marítima que nos llevamos a la cama, incluso un día después, cuando no hemos parado de dar tumbos de cacharrito en cacharrito.


Mi Feria de Abril siempre cumplió con nota las expectativas; un par de días de Calle del Infierno y otros tantos de casetas, junto a mis padres y sus amigos, arramplando como todo niño pequeño la barra del bar a base de Pandilla Drakis y Coca-Cola gracias al conocimiento de unas palabras mágicas: "Apúntalo a la cuenta del barbas". Me costó algún que otro año comprender el porqué de que esos mismos adultos disciplinados, responsables, sensatos y con una facilidad innata para negarme mis alocadas propuestas se convirtieran en seres capaces de soltarme dos mil pesetas por tan sólo decirles que quería un helado. "Compra para todos".- me decían. Es lo que tiene la fiesta, más de uno se creería Donald Trump.

Ahora uno ya ha crecido y se ha ido olvidando - aunque no del todo - de la Pandilla Drakis, puesto que el jamón ibérico y unas buenas gambas blancas de Huelva se han ganado con creces la ubicación en mi personal estante de trofeos culinarios. La perspectiva es diferente, pero no cambia en absoluto el sentido arraigado de esta semana, la oportunidad que te brinda un enclave ideal para reunirte con los tuyos y comer y beber y el que quiera, pueda o sepa, bailar. Ahora ya no te fijas tanto en esa ingeniería feriante, ruidosa y llamativa y tus avispados ojos ya no prestan tanta atención a esa lejana Pesca del Pato y tus juguetonas pupilas se terminan posando sobre las apretadas y embutidas caderas de todas las flamencas que disponen de una sonrisa y unos mejores andares para acompañarte con el rebujito.

Dicen que la Feria es para los sevillanos, que si no eres autóctono ni vayas, que todo es privado y que no disponemos de ningún interés como para abrirle las puertas al vecino. Yo les diría que la Feria es para el paga, sea de donde sea y que cada año algún que otro AVE lleno de mujeres ya vestidas de flamenca demuestra que siendo socio, que soltando jurdeles o teniendo invitación, la Feria es un templo pagano que no mira de donde vienes. La ignorancia presume de tener una boca muy grande. Jamás escuché a nadie despotricar por no poder disfrutar de un encierro de San Fermín desde un balcón en Estafeta diciendo que claro, que los Sanfermines son para los pamplonicas. Supongo que a mí jamás se me ocurriría en la vida plantarme ante una fiesta desconocida de proporciones consideradas a a pecho descubierto, ignorando en todo punto la disponibilidad de sus servicios públicos de entrada libre, creyendo que a mi llegada, como si de un mesías se tratase, el pueblo se abrirá al "forastero", pueblo que ha estado labrándose su hueco año tras año, limpiándolo y dejándose las uñas para sacarle su brillo, para que sin avisar llegue yo y me plante en el mejor sillón que ni ellos mismos disponen. Seamos sensatos.


Sevilla es mucho más que sus farolillos, sus peinetas y sus volantes, de hecho Sevilla es mucho más que cualquier Virgen, que cualquier Cristo. Su concepto de ciudad está por encima hasta del individuo que nació en ella, que la trabajó y la vivió, porque ella no debe nada a nadie. No obstante, sería absurdo intentar engañarme y buscar la manera más pomposa de apartarla de todo lo que he nombrado, ya que no estaría haciendo otra cosa que intentar alejarla de ella misma, alejándome con ello yo de mí.





viernes, 29 de marzo de 2013

Sevilla, su Semana Santa y yo

Nunca he tenido alma cofrade, mentiría si comenzase estas líneas diciendo lo contrario, intentando engalanar lo que durante años no fue - nunca mejor dicho - santo de mi devoción. He sido crío de llevarle a rastras entre malas caras y alguna que otra llorera, buscando algún clavo ardiendo al que poder agarrarme a mi casa y de esa manera asegurarme más que una tarde de MegaDrive y balón de fútbol. No me culpen, no he conocido a ningún infante de apenas una década que cambie la Semana Santa por siete días de libertad absoluta dándole órdenes a Ryu y de haber conocido a semejante espécimen créanme que mis intenciones hubiesen sido olvidarle cuanto antes. La Semana Santa fue una fiesta que siempre se me hizo cuesta arriba, complicada, demasiado incómoda para los ojos de alguien que no entendía su porqué. Afortunadamente un oportuno abono a las sillas de su carrera oficial y una flamante Atary Lynx hicieron de mi rictus un cuadro distinto. Con el California Games puedo ir al fin del mundo. Fue la única manera que encontré para endulzarme los momentos.

 Ahora el tiempo, ése que normalmente suele tener la culpa de todo, ha corrido lo suficiente como para desprenderme del abono y de una Atary Lynx que conservo en mi estantería con el mismo respeto que otros el Brazo Incorrupto de Santa Teresa. Fueron muchos años que ni la pisé, que ni le miré a los ojos, ni tan siquiera la olí. Mi desinterés natural se convirtió en la rutina primaveral que año tras año no hacía más que alertarme de la cercanía de una Feria de Arbil a la que tampoco crean que le dedicase excesivo tiempo. Bien se me podría definir como un bulto de carne, lo reconozco, un niño sin intención ninguna de formar parte de la idiosincrasia de su ciudad, supongo que tampoco sería por la forma en la que mis propios padres me la presentaron, sino por lo que perdí debido a la tan necesaria obligación infantil que supone que un hijo debe tener de la mano de sus progenitores. No les culpo, para nada, las cosas ocurrieron justamente como debían haber ocurrido. Gracias a ellos soy como soy, para lo bueno y para lo malo y tampoco tengo muchas quejas de mí mismo.


No sé si será porque ya no se escuchan balones botando en el patio o porque los videojuegos de ahora siguen sin tener nada que hacer con los clásicos de los noventa, pero tengo que decir que el sentimiento actual no tiene nada que ver con el de aquellos años. Tampoco voy a engañarme y escudarme de una manera fácil en la nostalgia del pasado, excusándome a mí mismo de mis palabras del ayer, culpando de este giro argumental a terceros, no, nada de éso. Puedes pretender salir corriendo de aquella sombra que tanto podría asustarte de pequeño, pero por muy rápido que fueses lo único que podrías conseguir es ocultarla con algún que otro giro. Será solo cuestión de tiempo, cuando bajes esa puta guardia que no tiene un porqué pero que tu mismo mandaste formar, para que el sol te dé en el ángulo correcto y vuelve a aparecer, eso sí, ahora más grande y llamativa, la misma sombra de la que años atrás andabas ocultándote. Nos guste o no, somos los que hemos mamado y basta que el tiempo te mande donde siempre quisiste dormir para darte cuenta que no hay una cama como la tuya propia.


Ahora me acuerdo de las palabras que hace algunos año me dijo alguien: "Cuando veo a ese Cristo no veo a un Cristo cualquiera, de hecho no veo a ese Cristo en sí, veo a mi padre viéndolo, conmigo de mi mano, emocionado, débil, humano, buscando el momento oportuno para tapárselo todo con una sonrisa y decirme que venga, que mamá quiere que le llevemos churros". Dudo mucho que el día de mañana me convierta en alguien parecido a él, pero tampoco podría negar que cuando miro atrás, cansado, alejado de esas tardes que jamás podré recuperar, sobre los hombros de mi padre, intentando adivinar entre una muchedumbre tremenda quién viene o deja de venir calle arriba, sonría. Y mírame, aquí ando a las 05:30 am, con TeleSevilla encendida, prestándole atención por primera vez en mi vida La Madrugada y escribiendo este post. Sé mejor que nadie que lo que realmente me jode de todo esto es que me haya tenido que marchar de mi casa para ver lo bonita que la tenía y dejar de una maldita vez de verle sólo las bondades a los vecinos. Quién me ha visto y quién me ve, me cago en la puta.

miércoles, 13 de marzo de 2013

Chino Subterráneo - Jia Xiang Xiao Chi

Disfruto tanto comiendo como con cualquier otro pecado capital, sera eso, que me gusta pecar, es lo bueno del cristianismo. Un par de rezos de arrepentimiento y ya me he ganado mi propia legión de ángeles. Soy buen comensal, agradecido, de ésos que siempre van a probar cualquier tipo de locura. Culinariamente no me cierro a ningún país, a ninguna cultura. Tan sólo higiene, no pido más.

Bajo tierra, en Madrid, dentro del mismo parking de Plaza de España, en frente de las taquillas para validar el ticket, se encuentra el que posiblemente sea el restaurante chino más curioso - y sabroso - que haya en toda la capital del reino, el conocido como Chino Subterráneo cuyo nombre original es Jia Xiang Xiao Chi. Un local totalmente alejado de la ornamentación asiática a la que nos puede tener acostumbrados un restaurante chino. Adiós al Buda color cobre, a las rojas lámparas redondas y a los tan utilizados y desolados acuarios. Tan sólo un televisor haciendo esquina donde las más famosas estrellas del pop chinas nos acompañarán con sus videoclips. Olvídense de la sobremesa. Poco espacio y mesas pequeñas, comensales pegados, conversaciones comunes. Un servicio económicamente eficaz y eficiente con pocas comodidades, pero sin llegar a ser incómodo.

Dispones de la posibilidad de pedir para llevar y por ello en la misma puerta se formarán dos colas. Independientemente de la opción que escojas su camarera te ofrecerá la carta una vez estés en la puerta para aligerar todo el proceso. En sus cristales, la carta en chino, buena señal. Un chino de chinos, donde es normal comer rodeado de alguna familia asiática, algo que tranquiliza a nuestros estómagos tras sumergirnos en un subsuelo poco esperanzador.

Una carta económica, una variedad suficiente. Sopas, arroces, tallarines, pollo, ternera, cerdo y alguna que otra cosilla más. Como recomendación son obligatorias sus Empanadillas de Carne a la Plancha, lo demás a vuestra elección. Disfrutad y excederse, en mi caso no existió pesadez alguna, ni al día siguiente.

Sopa Wanton

Empanadillas de Carne a la Plancha

Arroz Frito

Tallarines Salteados

Gambas Salteadas con Champiñones

Pollo Salteado con Verduras

Ternera Salteada con Verduras
Costillas de Cerdo


domingo, 10 de marzo de 2013

AVE - Madrid Puerta de Atocha - Sevilla Santa Justa

Aquí de nuevo en la estación, como cada mes, con la veteranía de un jefe de pasillos y la juventud de alguien que buenamente podría no haber comenzado ni a trabajar, achicando con cada pisada de andén aquel laberinto que en su día fue. Acercando en cada trayecto lo ajeno y lejano a lo propio y cercano, negándome a la imposición vital que lleva la naturaleza a que sus plantas terminen echando raíces, y no es por la tierra, que va, es por lo que hace que la tierra sea esa tierra.

Después de tanto tiempo rodando de hoguera en hoguera buscando calor y ese olor a cenizas que implica no estar tan solo, he aprendido algo. Lo primero es que los fines de semana no se construyen acordes a un calendario, por mucho que podáis comprobarlo colgado en un almanaque. Esos fines de semana lo hacen aquellos con los que vives, esos fines de semana no son más que un tiempo bien reído, bien compartido y es sólo por éso, por lo que en tu casa, con los tuyos, con lo tuyo... es donde un martes puede convertirse en un sábado. Es lo bueno de rodar y rodar, que puedes terminar aprendiendo de cada piedra que se te clave, porque se clavan, tires por donde tires.

Sólo deseo sobrevolar pronto esos raíles cuando el ocio me lo ordene, el tiempo libre lo permita y la ilusión me acompañe, olvidándome del actual porqué de mis idas y venidas, esa horrible necesidad que erosiona, sin dejar rastro físico, más que el mayor rompeolas que se conozca.

domingo, 3 de marzo de 2013

Zoo de Madrid


Al igual que presenté en su día la esfera de Faunia con una pequeña compilación de escenas de algunos de sus animales, hoy haré algo similar con el Zoo de Madrid, actual testigo de la antigua Casa de Fieras de El Retiro, reconocido internacionalmente como una de las instituciones más importantes por sus éxitos reproductivos y su compromiso con la conservación.

Su magnífico emplazamiento dentro de la ciudad - Casa de Campo - hace de él un entorno más natural que el de otros lugares dentro de su similitud, favoreciendo la riqueza en calidad de vida de sus huéspedes. Grandes espacios de los que disponen las fieras para sentirse lo más libre posible dentro de lo que supone ser un animal de zoo, junto a un trato profesional y unos cuidados excelsos hacen del Zoo de Madrid no sólo una oferta de ocio sino también una posibilidad educativa.

Dispone de más 6000 animales de más de 500 especies diferentes, inaugurándose en 1987 el Delfinario y en 1995 el Aquarium. Mi colofón final fue el disfrute de la exhibición de vuelo libre de rapaces y aves exóticas, sólo faltaba una nutria saliendo de mi retrete al llegar a casa y me hubiese creído el mismísimo Ace Aventura. Leones marinos y delfines harán todo tipo de travesuras durante su exhibición para que no sólo los niños saquen sus mejores sonrisas. 












Lugares como éste nos regalan a los fotógrafos alguna que otra hora para ponernos a prueba. Nuevamente os dejo otra pequeña compilación que espero que pueda mostrar de un leve vistazo lo que el Zoo de Madrid puede ofrecernos.